El Concejo Municipal de la Ciudad de Santa Fe sancionó esta semana una comunicación, iniciativa de la concejala Adriana Molina, que requiere del Ejecutivo Municipal  – a través de la Subsecretaría de Turismo- que diseñe un Circuito de la Cerveza industrial y artesanal de Santa Fe. La solicitud incluye además el desarrollo de una aplicación para celulares que incluya al Circuito cervecero.

La ciudad de Santa Fe tiene más de 100 años de tradición cervecera y desde 1912 es sede de la Cervecería Santa Fe,  que produce un promedio aproximado de 1 millón de litros de cerveza por día.

Para la concejala “la cerveza es parte de nuestra idiosincrasia, su modo de tomarla, única en nuestro país, parte de nuestra identidad. Sin bien ya existían antecedentes de talleres artesanales y fábricas cerveceras en otros puntos de la provincia, en la capital santafesina confluyeron cuatro factores particulares haciendo posible la instalación de la Cervecería Santa Fe: la disponibilidad y bajo precio de tierras cercanas al Río Paraná, una planta potabilizadora de aguas en las inmediaciones, los servicios de transporte existentes y la asistencia de capitales necesarios para la inversión”, explicó.

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“Sabiendo que la cerveza nos une y nos convoca, consideramos importante esta iniciativa que genera un polo cervecero para que no solo los santafesinos y santafesinas visitemos”, dijo.

“En nuestra ciudad se realizan eventos donde se disfruta de esta bebida, como así también, en la actualidad, contamos con emprendedores que se animaron a confeccionar nuevos estilos y gustos de cerveza que luego presentan en festivales y encuentros”, finalizó.

En 2005 el Concejo Municipal de Santa Fe declaró al liso santafesino “patrimonio cultural inmaterial vinculado a la identidad gastronómica de la ciudad”.

El “liso” es la forma única de tomar cerveza que tienen los santafesinos y forma parte indiscutible del patrimonio cultural y de la identidad que distingue a la ciudad a nivel nacional. Se llama de esa manera a la cerveza tirada de barril sin pasteurizar, servida en un vaso liso, sin rugosidades, transparente y con una capacidad aproximada de 250 cm3. La expresión se utilizó por primera vez en la década del 30 y desde entonces es sinónimo de la pasión cervecera de la ciudad.