Nicolás Fucci, Prinston
Nicolás Fucci, Prinston

¿Cómo fueron los orígenes de Prinston?

Nicolás Fucci, Prinston- Con mi socio, Julián García, nos conocimos en un Antares de Ituzaingó, en una reunión de camaradería, llevando nuestras muestras de birra cada uno. En “Somos Cerveceros” hacían reuniones, cada uno llevaba sus birras, e iba gente que sabía en serio a probar las birras y decirte en qué le estás errando, y daban charlas. Y (con Julián) nos conocimos ahí. Él ya hacía un tiempo que iba. Yo fui con una birrita que había hecho en mi casa, y me acuerdo que me agarró Semilla y me dijo “¿Qué quisiste hacer?”, no sé, ponele que era una Irish Red, y me dice “Como Irish red está muy mal, pero como Wee Heavy puede andar muy bien” (risas). Todas mis birras eran unos licores hermosos, pero bueno. Así que ahí nos conocimos con Julián y resulta que vivíamos a 20 cuadras cada uno, y me dice: “venite un día”, “cuando cocino venite”. Obviamente fui y él estaba mucho más avanzado que yo, y bueno ahí empezamos a pegar onda, a compartir conocimiento, y a ser amigos, nos empezamos a juntar, con este, con otro, y así empecé a viajar. Iba a Bariloche siempre, mi hermano vive allá, y cada vez que me iba, volvía con la cabeza detonada.

¿Para dónde ibas?

Nicolás – Iba mucho a La Cruz, esas birras me volvían loco. La Cruz, en su época, cuando era un galponcito, tenía unas birras hermosas, unas Ipas… y yo dije “yo quiero esto, no puede ser, hay que poner un bar” y él no quería saber nada, me decía “No, vos estás loco, estás loco”. Y un día conseguí un local ahí en Ramos Mejía y le dije “tengo el local” y que sí, que no, que sí, que no, lo alquilamos. En 2015. Así que pusimos todo lo que teníamos. En su momento no llegábamos con la plata y terminé vendiendo el auto. Julián tenía un plan de ahorro porque justo salió sorteado y lo vendió, así que llegamos con lo justo y necesario, y un poco menos también (risas).

Después seguimos creciendo, pero lo abrimos a pulmón. En esa época no había bares. Fuimos el primer bar cervecero de Ramos, no había ninguna cervecería. A los 6 o 4 meses abrió Antares en Ramos, y después vino el “boom”. Y nada, hicimos los bancos nosotros, rompimos las paredes… pulmón, pulmón.

¿Qué fue lo que más te costó? Porque Prinston arrancó primero con el bar antes que con la fábrica…

Nicolás – ya hacíamos birra, pero era imposible armar una estructura para abastecer de birra al bar porque éramos muy chiquitos, así que por suerte teníamos amigos y empezamos a comprar birra. Y, para mí la clave estuvo en comprar birra buena. O sea, nacimos con Kraken, con Beata, con Juguetes Perdidos… Juguetes abrió a los 3-4 meses que nosotros abrimos el bar. Ellos empezaron a salir con la birra, hicieron la presentación de la primera birra en Prinston. Después no me acuerdo, pero hubo muchas cervecerías que hoy en día siguen estando con nosotros y siempre ahí, con las birras, con los cerveceros. Empezar a invitar a gente, con Somos Cerveceros, estar en todas las movidas, y distinguirnos con eso. Prinston nació, porque a mí me da bronca ir a un lugar y que te den la carta, leas ahí y no entiendas qué es lo que hay para tomar, ni a qué sabe, ni que color tiene, y si querés probar te cobran el sampler. Entonces dije, “Yo no quiero eso para mi bar”. Quiero que la gente venga a la barra, explicarle qué es lo que le voy a dar de probar, gratis… la gente me dice “vos estás loco, ¿Cómo vas a dar de probar los chupitos de tequila? Preguntar “¿Cómo te gusta la birra?”. Obviamente no les voy a dar de probar de las 14 canillas, pero, ‘¿Cómo te gusta, más amarguita, más suave?’, ‘y… amarga’, ‘bueno, esto es American IPA, esto es Session IPA, esto es Red IPA…’.  Yo lo que quiero es que la gente se vaya con la birra que eligieron ellos a la mesa, ese es para mí el ABC de la birra. Porque comprar una birra que te la traen y no te gusta, y que me dejes 3/4 de pinta arriba de la mesa es lo peor que me puede pasar como cervecero.

Obviamente como comerciante, al que quiere hacer plata no le importa, entró la plata a la caja y listo, pero para nosotros que somos cerveceros es un puñal en el corazón.

Y nació así, a la gente al principio le costaba un poquito acostumbrarse. La gente pedía la comida y las llamábamos por un megáfono, un quilombo (risas). Y bueno, de golpe el bar empezó a pegar, a pegar, a pegar, explotó y en un momento se nos fue de las manos (risas).

¿Cuánto tiempo?

Nicolás – Y, hubo un año que estuvimos hasta que se armó quilombo con los vecinos (risas). Porque nosotros en Ramos estamos como en un lugar medio separado, no estamos en pleno centro. Estábamos en una cuadra muy tranquila y éramos los únicos que metíamos ruido. Obviamente le dimos vida a la cuadra, porque era muertísima, pero bueno, en un momento la gente empezó “Ay, el ruido, que no sé qué” y nos clausuraban, pero no por hacer quilombo, sino por el ruido del mismo bullicio de la gente, había 200 personas. Pero bueno, tuvimos que ir adaptándonos a las reglas. Era todo nuevo, tampoco había nada claro. Yo quise habilitar una cervecería en Ramos y no se podía, no existe el rubro cervecería en Ramos. Mismo para una fábrica. Tenés bares, restaurant, pizza, cualquier cosa, pero bueno. Ahora de a poco está todo un poco más civilizado, tuvimos que poner techo, acustizar…

¿Y después, vino Morón primero? ¿O Castelar?

Nicolás – No, Castelar. Tuvimos 1 añito y pico. Hubo diferencias con un socio y decidimos abrirnos.  En realidad nos íbamos a quedar nosotros, pero llegamos a un acuerdo y se lo quedó él. Así que tiempito, unos meses después, abrimos Prinston Morón y la inversión de Castelar dijimos: “lo próximo”, que ya estamos un poquito más tranquilo con los bares. Teníamos encargado, nos desligábamos un poquito más, no estábamos todo el día trabajando en el bar, dijimos “hay que encargar la fábrica” y bueno, salió.

¿Hasta ahí venían fabricando lo que se podía?

Nicolás – Si, lo que se podía. Nosotros en casa seguimos siempre haciendo birra.

¿Con cuántos litros?

Nicolás – Yo tenía mi equipito de 50 litros. En un momento teníamos un equipo de 120 litros que se lo vendimos a Hernán Castellani, que se lo llevó allá para el campo, para hacer birra con el hermano. Pero también, era hacer 120 litros, laburar todo el día.

¿Cuántas cocciones hacían?

Nicolás – Teníamos poco fermentador. Era cocinar dos veces por semana y esa birra se iba en una noche en el bar. Era una locura, no teníamos vida, y dijimos “si tenemos tantos amigos que hacen tan buena birra, para qué andar… vamos a hacer las cosas bien” (risas), así que bueno, ahí encaramos Prinston Devoto.

Eligieron Castelar, Morón, Devoto, ¿Cómo iban seleccionando?

Nicolás – Siempre tuvimos zona oeste y cuando dijimos lo de la fábrica, la verdad que para habilitar era o Tres de Febrero (gracias a los chicos de Juguetes que se metieron ahí) o Capital. Y la verdad que en Tres de Febrero nosotros siempre pensamos en hacer el bar con el tap room, y Tres de Febrero ya estaba medio trillado, mucha gente. Y dijimos “No, vamos para Capital”. Y Villa Devoto, la verdad, nos queda cerca de todo, estamos a 10 minutos de todos lados. Y encaramos Devoto. Vimos este galpón hermoso y dijimos “es acá”. Es un poquito alejado, pero bueno, a copar un poquito también Capital.

¿Cuánto tiempo tiene Devoto ya?

Nicolás – La cocción número 100, que fue la que hicimos el otro día con Leo Ferrari de Antares y los chicos de Juguetes, casi casi coincide con el año de la fábrica. Un año desde la primera cocción, que fue en diciembre. Que también, la armamos en un año. Hicimos la fábrica desde cero. En un año estábamos sacando birra. No, en menos de un año. El tap room abrió un poquito antes, pero si, ahí nomás. Abrimos el tap y a los 3 meses ya estábamos tirando birra.

Tema de estilo, ¿Siempre más lupulado?

Nicolás – Estilo, a nosotros nos gusta la birra americana, siempre lupulado. Estamos experimentando un poquito, en eso nosotros somos bastante abiertos en realidad. O sea, me encantaría hacer birra de guarda, pero la verdad es que tenemos poca producción como para hacer. Pero bueno, bastante lupulado, toda malta importada, el lúpulo importado, levas líquidas… así que vamos para ese lado, para el americano, American IPA, Neipa, APA. Ahora estamos haciendo Sour, que tiene un estilo que nos gusta mucho, que está muy bueno para el verano, y lo que vemos la mayoría (que a nosotros nos gusta viajar bastante) en Estados Unidos, por ejemplo, en todas las cervecerías podés encontrar 4 o 5 Neipa tremendas, pero todas tienen 2 o 3 sour fijas. Pero todas tienen sour. Y para mí va a ser lo próximo, lo que se va a venir de moda, o sea, como está la Neipa ahora instalada, la Sour va a empezar a pegar.

Volviendo a Prinston: ¿en 2020?

Nicolás – En 2020 vamos a tratar de quedarnos un poco tranquilos (risas) porque desde que arrancamos en 2015 que no paramos, nos la pasamos corriendo, invirtiendo, metiéndonos en quilombos lindos (porque son lindos problemas). Hacemos lo que nos gusta, pero la verdad es que Argentina es muy inestable (risas). Te contaba hace un rato cuando armamos la fábrica nos agarró la primera devaluación y con Julián nos queríamos matar, porque perdimos toda la seña que habíamos puesto. Directamente era como si la hubiésemos perdido. Y después cambió mucho el juego también, porque todos los precios que subieron uno no los puede trasladar a la birra, ni al producto, ni a la birra terminada, ni a la birra servida en la copa del bar. Siempre el precio fue más o menos el mismo y ahora estamos lejos.

Bajó la rentabilidad.

Nicolás – Bajó mucho, sí. Muchísimo. Pero bueno, como todo el mundo, en todos los rubros calculo que también, no solo nosotros. Pero por eso, está complicado. En 2020 vamos a ver si nos quedamos un poquito quietos.

Vamos a sacarnos un poco las deudas, pagar lo que debemos (risas) y ver qué pasa, qué se yo. Pero siempre pensando para adelante, siempre con ideas locas. Nosotros no nos podemos quedar quietos, siempre estamos presentando una birra, otra, haciendo una etiqueta, pensando si metemos una hamburguesa en el bar, siempre haciendo algo, una colaboración… Ahora nos vamos a ir a Mar del Plata, vamos a ver si hacemos la vuelta de la birra que hicimos, de los 100 Titanes, a lo mejor la hacemos allá en Antares, en la fábrica.

Vamos con los Juguetes, y seguramente cuando volvamos de allá, de la fiesta del lúpulo, así que se viene la vuelta. Ahora la semana que viene cocinamos con Dos Dingos, siempre estamos haciendo algo. No hay que quedarse quieto, innovando, haciendo cosas nuevas, probando cosas nuevas, para salir un poco del molde.

¿Cómo nació el rinoceronte del logo?

Nicolás – Siempre pensamos desde que pusimos la marca que, en sí, la marca no tiene ningún justificativo. Siempre pensamos en poner la imagen de algún animal, y la verdad que el oso ya estaba quemado… Y se nos ocurrió el rhino que tiene mucha fuerza, empuje, que un poco nos identifica. Un poco fue mutando, arrancó un rhino tranquilito como aquél, y después terminó mucho más “pulenta”.

A qué cervecería tomás como referencia? alguien que por ahí hizo las cosas bien?

Nicolás – Ojalá fuésemos un Firestone Walker (risas). Hacen todo bien, las birras de guarda están bien, las birras base están bien, las lupuladas están tremendas… pero difícil.

Nosotros apuntamos a tener un buen producto, poca cantidad… o sea, un producto que vos lo puedas manejar digamos de alguna manera, o poder controlar, tener bien controlado sin que se te vaya de las manos. Y para mí, cuando haces muchos litros, mucha cantidad, eso un poco se va perdiendo.

¿Hoy qué producción tienen acá?

Nicolás – Hoy estamos en 12.000 litros más o menos. Mensuales. Y abastecen los bares, y nos quedan unos litros que mandamos a Desarmadero, a Bélgica, bares amigos… pero muy poco.

¿Otros canales de comercialización están mirando?

Nicolás – Por el momento no. Ahora vamos a empezar a salir con las latas, estamos terminando los diseños. Vamos a empezar a salir con latas para ir un poquito más afuera, a lo mejor al interior. Hay gente que está haciendo las cosas bien, transporte con frío… Si va mejor con las latas, abrimos un poquito más la cancha, que con el barril se complica un poco más, porque también, seguimos siendo chicos y yo no puedo tener un barril dando vueltas 2 meses en Santa Fe, qué sé yo. Hoy un barril vale mucha plata. Y perdiste un barril, y perdiste un montón de ventas. Perdiste 10 o perdiste 1, perdiste la ganancia de los 10.

Pero por ahora vamos a quedarnos con lo que tenemos. Sí salir un poquito más con las latas para que nos conozcan. Y la verdad es que nos piden birra de todos lados, nos escriben… pero bueno, eso también lo que tiene de bueno es que, si lo querés, podés venir a tomarlo acá, a Prinston (risas). Que, es lo que pasa afuera… vos te alejas y, no me estoy comparando ni loco, pero la conseguís ahí y no la conseguís en ningún otro lado, es genial. ¿Querés?, andá a tomarla ahí (risas).