RADIO PRAGA.- Los Ayuntamientos de Praga y Brno aprobaron la aplicación de medidas más rigurosas para combatir el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública.

Escenas de personas bebiendo alcohol en la calle son frecuentes sobre todo en los meses de verano, al tiempo que muchos indigentes se refugian en parques y callejuelas de las ciudades para ingerir aguardientes y cerveza.

El portavoz de la Policía de Brno, Jakub Ghanem, saludó el paso dado y asegura que la nueva normativa incrementará las competencias del Gobierno local y de los uniformados.

“La normativa nos facilita una nueva herramienta para hacer frente al problema. En casos extremos podemos expulsar de los lugares ‘libres de alcohol’ a los infractores. Muchas veces los policías conocen bien a los transgresores y esperamos que una llamada de atención pueda ser suficiente”.

La nueva medida determina que queda rotundamente prohibido el consumo de bebidas alcohólicas cien metros a la redonda de las estaciones de metro, escuelas y colegios, hospitales, plazas y parques.
La multa por beber una cerveza en la calle puede ser de unos 39 euros, pero en caso de desacato se puede disparar hasta más allá de los 1.000 euros.

El concejal Lukáš Manhart, del Ayuntamiento de Praga, explicó que la regulación del consumo de alcohol en las calles busca limpiar las ciudades de escenas que atentan contra los buenos modales y la prevención del consumo de sustancias que puedan generar dependencia.

“La aplicación de medidas más rigurosas responde a las experiencias acumuladas por los gobiernos locales y es por eso que decidimos aumentar el número de lugares, de 450 a 837, donde queda rotundamente prohibido consumir alcohol”.

El número de ciudades checas que combaten el alcohol en la vía pública crece continuamente, en este momento son ya 300 los Ayuntamientos que se suman a lo que poco a poco se convierte en una campaña masiva.
A nivel europeo no existen, al menos por el momento, regulaciones unificadas cada país aplica normativas que responden a sus necesidades, hay países en los que se castiga a toda persona que se encuentre en estado de embriaguez manifiesta y que su estado altere el orden público, independientemente de si se trata de un restaurante, cafetería o la calle.