Lúpulos Patagónicos - Klaus Leibrecht

La industria de cerveza en Argentina importa actualmente entre el 80 y el 90 por ciento del lúpulo que utiliza, mientras que en el sector artesanal entre un 50 y 60 por ciento del lúpulo utilizado es importado, de acuerdo con datos de Lúpulos Patagónicos.

“Viendo este panorama, parece que el sector lupulero tendría que crecer. Pero la realidad no es así: venderle a la industria no es sustentable. Para una chacra de lúpulo, es muy difícil crecer o actualizar la tecnología. Ni siquiera podría haber un nuevo productor. El resto de los productores no venden todo al sector artesanal, que sería un buen negocio”, advierte Klaus Leibrecht, gerente y dueño de Lúpulos Patagónicos.

En entrevista con PulsoCervecero.com, Leibrecht señaló que “tampoco se está consumiendo tanto en el sector artesanal. Esto tiene que ver también que muchas recetas se hacen con lúpulos americanos (estadounidenses) por costumbre o modas de recetas. Entonces la parte nuestra es tratar de producir lúpulos nuevos, que sean propios, o demostrar que las variedades que había son buenas. El Cascade de acá de la zona es muy diferente al americano. Hay que demostrar que se pueden hacer estilos de cerveza diferentes o iguales con que con lúpulos americanos”.

La empresa de Leibrecht, hasta hace un tiempo atrás, vendía el cien por ciento de su producción de lúpulo a la industria. Tanto el establecimiento como la chacra tenían instalaciones viejas, y contaban con sólo dos variedades de lúpulo, los tradicionales Cascade y Nugget. Pero hace unos cinco años, el panorama cambió.

“Pudimos vender al sector artesanal y fue rentable. Así que empezamos a invertir, eso nos llevó casi cinco años de inversión constante. Toda la estructura a campo se mejoró: los galpones, las cosechadoras, los secaderos, y la pelletizadora, que es un desarrollo nuestro. Lo último que se introdujo fue una envasadora totalmente automática. Con esto mejoramos muchísimo el producto”, recuerda Leibrecht.

Sin embargo, Lúpulos Patagónicos sólo contaba con dos variedades, y al ingresar al sector de cerveza artesanal, vieron que las exigencias no eran sólo en cuanto a calidad. “Mi padre durante muchos años viajó por el mundo y traía variedades. Entonces teníamos mucho material genético del resto del mundo guardado. Hicimos muchas pruebas, no todas las variedades funcionan en todos lados. Introdujimos Bullion, Willamette, Victoria; hicimos pruebas con muchas variedades que no funcionaron”, explica Leibrecht.

El productor cree que la cerveza artesanal “no tiene techo. Ya prácticamente no se ven problemas de calidad. Ahora hay que esperar que todo se reabra para que vuelva a ser un boom. Mientras mejore y hagan buenas cervezas no tienen techo. Tienen el 4 por ciento del mercado, y tienen para crecer mucho más. En el resto del mundo, según donde se tomen estadísticas, ya están entre el 15 y el 20 por ciento”.

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