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Mucho se ha escrito ya acerca de cómo la pandemia de COVID-19 ha afectado al mundo entero de distintas y específicas maneras, más allá de las más claras cuestiones de salud y económicas. Uno de los impactos que ha producido en la industria cervecera fue la suspensión del canal on premise —bares, cervecerías y restaurantes— y la necesidad de los productores de desarrollar, forzosa y aceleradamente, nuevos canales para llegar a sus clientes, fundamentalmente a través del enlatado y el envasado. Y uno de los puntos centrales que ha traído aparejada es la duración y estabilidad de la cerveza en el tiempo.

“Con la filtración buscamos entregar un producto con la calidad acorde a la que requiere el mercado. En este momento, la filtración se ha vuelto muy importante. Ahora no es tan fácil producir la cerveza y entregarla a los clientes, por causa de la pandemia. Hay más orientación a producir enlatado o en botella y está aumentando la necesidad de filtración”, explica Juan Manuel Pérez, Gerente de Investigación y Desarrollo de Sudamericana de Filtrado – Sudafilt.

Pérez apunta que “el objetivo de la filtración es darle estabilidad a la cerveza, lograr que pueda permanecer con más seguridad. Con el tiempo, la cerveza se va degradando, a medida que se oxida y los complejos tánicos-proteicos van aumentando, haciendo que pierda calidad. Lo que hacemos con la filtración es darle más estabilidad en el tiempo. Porque una de las variables que juega ahora en contra de la cerveza es el tiempo. Ahora ya no es tan fácil salir de la cervecería y llegar al cliente. El cliente hoy puede comprar el producto, pero la cerveza quedar en el auto, en la casa, y sufrir un proceso de degradación. Si la cerveza no está bien estabilizada, la calidad va a sufrir sin ninguna duda”.

“Desde el punto de vista técnico, es muy importante para lograr que la cerveza llegue al cliente con la mejor calidad posible. Buscamos que la cerveza se mantenga como sale de la cervecería hasta que llega al cliente. Con la filtración quitamos el exceso de levaduras y de complejos tánico proteicos, que son los que finalmente dan la turbidez y reducimos así la posibilidad de que la cerveza tenga problemas”, detalla Pérez.